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La varroa bajo control

Si hay una razón por la que un apicultor moderno no puede permitirse relajarse, es la varroa. El ácaro Varroa destructor se alimenta del cuerpo graso de la abeja y propaga virus que deforman las alas y matan la cría. Una colonia que parece fuerte en agosto puede colapsar en noviembre si la varroa no se mantiene a raya. La buena noticia: la varroa es manejable, pero solo si la monitoreas y actúas a tiempo.

Por qué es tan peligrosa

La varroa se reproduce en la cría operculada, justo donde no puedes verla. Cuanta más cría tiene una colonia, más rápido se multiplica el ácaro. El problema no es solo el ácaro en sí, sino los virus que propaga, por eso incluso un número pequeño de ácaros puede causar un gran daño cuando hay virus presentes.

Cómo medir la infestación

El mayor error es tratar «a ciegas» o «cuando lo hace el vecino». Primero mide cuántos ácaros tienes:

El objetivo es obtener el número de ácaros por cada 100 abejas, porque solo el número te dice si tratar y cuándo.

Cuándo es demasiado

Una regla aproximada: durante la temporada, más de unos 3 ácaros por cada 100 abejas (3%) es la alarma y la llamada a la acción. El umbral es más bajo antes del invierno, porque las abejas de invierno deben estar sanas para que la colonia sobreviva. Mide varias veces por temporada, no solo una vez.

Tratamientos y cuándo usarlos

El tratamiento más importante del año es el que se hace justo después de la cosecha, a finales de verano: ahí es cuando salvas a las abejas de invierno. Un tratamiento adicional de invierno con ácido oxálico «limpia» lo que quede.

La regla de la cosecha (período de retiro)

Después de tratar con un medicamento, respeta el período de retiro prescrito —el tiempo durante el cual no debes cosechar— para que la miel quede limpia y segura. En la aplicación registras el tratamiento y esta calcula y te muestra una advertencia de «no cosechar hasta» para esa fecha, de modo que nunca mezclas medicamento y miel.

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